La carrera de burros en el Carnaval Jalos

Solo quedan medio millón de asnos en México. De 1991 hasta ahora, han desaparecido un millón de burros, según The Donkey Sanctuary. Las innovaciones tecnológicas  orillaron cambiar el burro por aparatos mecánicos, multiplicando la facilidad y comodidad para trabajar la tierra. Cambiaron un sistema de carga tradicional, por camionetas y tractores.

Los burros dejaron de importar, descuidaron su preservación y ahora están en riesgo de desaparecer de México. En la parte occidental del Estado de México, existe un santuario de  reserva de burros, es la única en Latinoamérica, con no más de 200 asnos, su nombre es Burrolandia y  cuenta con 2.5 hectáreas  para su conservación. De los países que utilizan al Burro como herramienta de trabajo, México cuenta con el menor número de ejemplares a comparación de China que tiene más de 11 millones de Burros.

En el municipio de Jalostotitlán, el corazón de los altos del estado de Jalisco, celebran cada año el Carnaval Jalos, casi siempre durante el mes de febrero. Ya tienen más de 30 años con esta tradición. Durante el carnaval, hay desfiles,  conciertos en la plaza principal y en el palenque local, hay comercio, venta de comida y botana, eventos taurinos y una famosa carrera de burro.

Solo hay una carrera de burros en el Carnaval. A las cuatro de la tarde en la calle principal, la misma que conecta la entrada del municipio a la plaza popular, se convierte en la pista de carreras de asnos. La gente del lugar, Jalostotitlenses y turistas, se amontonan con sus familias y amigos sobre las banquetas, con sillas, bancos o de pie, comiendo y bebiendo, listos  para presenciar la carrera. La competencia comienza a las cinco de la tarde, para esa hora ya hay suficiente público, niños, adultos y viejos, ansiosos de saber quién será el ganador.

Llegan los competidores, los jinetes y sus burros. La  calle comienza a despejarse de autos estacionados y deja de circular el tráfico. En esta ocasión son siete concursantes, cada uno con un número de competidor, todos tienen algún alias o apodo, también los burros llevan nombre como “La liebre”, “Macaco”, “El güero valín”,  “Estefania”, “Felimon” , “777” y “El pequeño”. Cinco de los jinetes ya han participado alguna vez, por lo menos uno de ellos, el más viejo de todos,  lleva más de 16 años compitiendo y ganando, según él. Uno de los jinetes es una chica, la primera en competir en dicha carrera, su burro es Estefania, al parecer no le interesa ganar, más que nada quiere divertirse.

El premio al primer lugar son mil pesos en efectivo, para el segundo 500 y para el tercer lugar 300. Preparan la calle y cada vez hay más público. La pista de carrera mide no más de un kilómetro, unas diez calles aproximadamente. Se acomodan los corredores en el punto de partida, este punto es la primera glorieta al entrar a la calle principal, la meta es llegar en línea recta sin retorno al parque recreativo  Alameda, donde la mayoría de los espectadores se acumulan y esperan el inicio de la carrera, todos con latas de cerveza victoria donde el logo del carnaval está impreso en la misma lata.

Unos cuantos policías ayudan a controlar el tráfico y al público. Ya no hay ningún solo auto en la pista, los corredores se preparan en la línea de inicio. La ganadora del certamen Señorita Jalos, explica a los concursantes las reglas, el punto de meta y recuerda  los premios. Después se aleja de los burros y es hora de comenzar la carrera, la señorita Jalos con voz alta casi gritando dice – “En sus marcas, listos…  ¡FUERA!”. Los corredores arranca golpeando consecutivamente con una riata al burro, a diferencia de los caballos, lo burros no corren rápido, aun así  durante la carrera alcanzan gran velocidad. Todos los espectadores gritan, motivando a los corredores.  A medio camino la chica que montaba la burra Estefania, cae a la orilla de la calle, muchos ríen y abuchean, la chica de pantalón claro, blusa negra,  botas hasta las rodillas y lentes oscuros, se levanta, sacude las piernas, se sienta en una silla  y todos a su alrededor le preguntan si se encuentra bien, la chica no para de reír con sus mejillas sonrojadas.

Llegan los primeros lugares casi al mismo tiempo a la meta, no hay ni un metro de diferencia entre un burro y el otro. El primero en llegar es el corredor más viejo, el señor que monta a la “liebre”. Al terminar la carrera, todo los espectadores inundan la calle, se amontonan a los burros ganadores para ver la premiación. Pero hay un problema, los demás corredores demandan que el viejo que llego en primer lugar hizo trampa, pues utilizo espuelas, de esas que están en el talón para clavarlas al caballo en los costados para que ande más rápido y que supuestamente no se permiten. El viejo alega que no le avisaron antes de la carrera, que no es justo que solo al ganar las espuelas ya no son permitidan. La mayoría del público conocen a aquel viejo, abuchean y gritan “¡el siempre hace trampa!”, “¡el viejo ya sabía las reglas!”, “¡no sabe perder!”. El viejo en su defensa, enojado y frustrado, argumenta que no hizo trampa, que no importan las espuelas, que no le dijeron nada antes de comenzar, el público sigue abucheando, después los premiadores llegan a una conclusión y descalifican al viejo. El viejo con liebre, se retira enojado y maldiciendo a todos, pronto es olvidado y dan paso a la premiación, el primer lugar se lo dan al que llego en segundo y así. Los corredores ganadores posan para fotografiarse, muchos niños y adolescentes se toman fotos y selfies con los burros, los demás solo siguen bebiendo y comiendo.

Muchos no alcanzaron a presenciar la carrera, todos dicen que fue muy rápido el evento, aun así se quedan un rato más mirando los ganadores y a los burros, platicando con sus familiares y amigos. Pronto se va desalojando la calle, los burros y sus jinetes se van lentamente cabalgando, todos caminan rumbo a la plaza principal, el carnaval aun continua todavía hay muchos eventos, fiesta y diversión en la calles y plazas principales. Ahora los habitantes de Jalostotitlán se entretienen disfrutando con el resto del carnaval, bailando, bebiendo y comiendo.

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El viejo que fue descalificado, alega con el público.

Por Redacción Lechuga

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